Agencia Reforma
Monterrey, NL 20 septiembre 2026.- De la fama de tacaños a los matrimonios entre primos, historiadores revisan mitos y leyendas que han marcado la identidad regia.
¿Tacañería o ahorro?
El estereotipo más común y antiguo sobre los regios, propagado en el País, es el asociado a la tacañería y la cultura del ahorro.
Hay varias explicaciones. Una la refiere el cronista Israel Cavazos en su libro Personajes de Nuevo León (y algunos de otras partes), cita el historiador Emilio Machuca Vega, investigador del Centro de Información de Historia Regional-UANL.
El texto hace referencia a una relación tensa entre el Presidente Plutarco Elías Calles y empresarios de la Ciudad, quienes viajaron a la Ciudad de México en 1929-1930 para exponer su punto de vista sobre la Ley Federal del Trabajo que se redactaba entonces.
«Cuando los empresarios dieron su opinión, Calles los llamó judíos, aunque no lo eran. Entonces se comenzó a llamar judíos a los regiomontanos para describirlos como cuidadores de sus intereses económicos y de trabajo, y por su espíritu ahorrativo. Así nació nuestra fama».
El historiador Leonardo Martínez Hernández, coordinador de los ciclos «Memorias de Nuevo León» en el Museo de Historia Mexicana, recurre a diferentes versiones, entre ellas la que relaciona el apodo de «codos» con la Fundidora regia y su producción de codos de tubería.
Quienes venían de otros sitios para abastecerse del producto decían: «Vamos a los codos de Monterrey», señala.
El escritor Arturo Ortega Morán, especialista en el origen de palabras y expresiones, ofrece otra explicación, cita el historiador.
Cuando los comerciantes regiomontanos iban al centro del País, su forma de hacer negocios era distinta. Mientras allá el pago a crédito era de palabra, los regios pedían al cliente firmar pagarés, lo que, según esta versión, contribuyó a crear una imagen de tacañería.
Pero los regios aprendieron a reírse de este mote: en las fiestas del 350 aniversario, en 1946, una comisión presidida por el historiador Santiago Roel, lanzó un concurso nacional de chistes sobre la tacañería regia.
Martínez Hernández encontró en el Archivo Histórico de Monterrey la convocatoria y algunos chascarrillos, como éste: «Una de las peores maldiciones es la que dice ‘Permita Dios que te vuelvas limosnero y tengas que pedir limosna en Monterrey'».
El historiador reflexiona: Hay que rescatar, no la fama de ser tacaños, pero sí la de ser ahorrativos y ordenados en las finanzas personales.
Entre familiares
En redes sociales abundan memes que bromean con la idea de que en Monterrey la gente se casa entre primos.
Para Martínez Hernández, autor de la página en Facebook «Crónicas Norestenses», este mito tiene cierto fundamento histórico.
«En la Colonia, las poblaciones estaban muy lejanas entre sí», explica. «A veces la población se iba mermando porque no había más con quién casarse y con quién tener una familia.
«Además, en el Nuevo Reino de León (actual Nuevo León) había gente de mucho poder que para no disipar sus bienes y que no quedaran en familias ajenas, hacían los vínculos matrimoniales para que se mantuviera ese patrimonio económico, y no se perdiera».
El fenómeno no fue exclusivo del norte de México. En la realeza europea también se generaron uniones matrimoniales entre familiares por intereses políticos, económicos y dinásticos.
Estos matrimonios llegaron a ser tan frecuentes que la Iglesia católica creó las dispensas matrimoniales, señala.
«La iglesia prohíbe el matrimonio entre familias hasta el cuarto grado. Pero atendiendo estas necesidades contextuales del Nuevo Reino de León, crearon las dispensas matrimoniales.
«Estas dispensas perdonaban o quitaban el grado de pecado a casarse entre primos o entre familiares por esta necesidad que había de que la familia creciera, el legado continuara y, ante la ausencia de gente en el pueblo, más que puros familiares, pues se daba esta situación».
Trabajo y desierto
Para Machuca Vega, en la Ciudad han surgido otros mitos, a veces por intereses económicos, políticos o de las élites, como afirmar que en Monterrey «no hay patrimonio histórico», a diferencia de las ciudades coloniales.
«Es un mito conveniente. Por ejemplo, fue conveniente en los años 80 para la construcción de la Macroplaza», apunta.
También existe la idea de que los regios originarios son los únicos que realmente trabajan.
«Esto es una simplificación que tampoco corresponde con la realidad», explica, «porque, de hecho, Monterrey históricamente ha sido una ciudad construida por migrantes.
«Existe la Colonia Independencia que antes de 1910 se llamaba San Luisito, porque había muchos potosinos que se avecinaron ahí desde tiempos del Porfirio Díaz y que contribuyeron en la construcción de infraestructura importante, como el Palacio de Gobierno».
En el libro Desglosario, de Aldo Salazar y Pau Masiques, también se da cuenta de otro mito: que en Monterrey no hay recursos naturales y todo lo que existe es producto del esfuerzo de sus habitantes.
Pero la Ciudad está lejos de ser un desierto, señalan sus autores.
«Infinitos arroyos descienden de la Sierra Madre Oriental y riegan bosques de pinos, sabinos, encinos y álamos.
«Esa misma agua permitió la industrialización, y hoy sigue resistiendo los embates urbano industriales que tratan de acabar con el lecho de los ríos Santa Catarina, La Silla, Pesquería y arroyos».
Un gran túnel
Uno de los mitos más populares sostiene que existen túneles subterráneos que conectan la Catedral con el Obispado.
Hay quienes aseguran haberlos visto, pero no existe evidencia documental, afirma el historiador Machuca Vega.
Además, este tipo de creencias se repite en muchas ciudades.
«Siempre se dijo, por ejemplo, que en estos templos seguramente había túneles antiguos, utilizados, quizá, para escapar en tiempos de incursiones de nómadas o en tiempos de guerra, que fueron muy frecuentes en el siglo 19», relata Machuca Vega, quien para su doctorado en la Complutense de Madrid investiga sobre la Arquidiócesis de Monterrey.
«Pero no existe evidencia documental en los archivos históricos de que existan ese tipo de construcciones que, además, habrían requerido mucha ingeniería. Habrían sido obras muy importantes que tendrían documentación, evidencia escrita, pero no la encontramos».
Sólo hay, afirma, testimonios orales transmitidos de generación en generación.
«Hay mucha gente que afirma que los vio, pero esas obras implicaríar una gestión importante de recursos económicos, lo que habría dejado una huella documental».
Las leyendas
Hay otros mitos que apelan a lo sobrenatural, como los avistamientos de un hombre pájaro en algunos de los cerros que rodean la Ciudad.
«El hombre pájaro» cautiva por su esencia sobrenatural a los nuevoleoneses, que tienen una relación intensa con las montañas», dijo a EL NORTE hace un par de años Pablo Luna, uno de los protagonistas de la obra de teatro «La leyenda del hombre pájaro».
«Al paso de los años se ha convertido en parte de la identidad oral de la región».
Hay fuentes que señalan que esta leyenda probablemente derive de la manera en que un periódico describió el primer vuelo en Monterrey, a principios del siglo 20, al referirse al piloto del avión como un «hombre pájaro».
Existen, además, otras historias orales que no son tan populares, pero forman parte de la identidad regiomontana, como las recopiladas por Lilia Villanueva de Cavazos en «Leyendas de Nuevo León».
Entre ellas está «El Rincón del Diablo», del siglo 18 y ubicada en el barrio de las Tenerías.
Se decía que, al oscurecer, el diablo paseaba por ese rincón de la Ciudad dejando un penetrante olor a azufre, lo que obligaba a todos a encerrarse.
Son mitos, leyendas y realidades que explican y dan identidad al Monterrey que hoy cumple 430 años.
