Ciudad de México 7 agosto 2026.- A José Lezama Lima (1910-1976), dice Ernesto Hernández Busto luego de haber dedicado más de 20 años a hacer su biografía, le encantaba disfrazarse de criatura mitológica.
Y así como fabulaba en su literatura, el poeta y novelista cubano, figura referencial de las letras hispanoamericanas y de quien este domingo se recuerda su 50 aniversario luctuoso, lo hacía también en sus conversaciones.
«Ésa es una de las principales tareas de cualquier biógrafo: deslindar los hechos del mito. Lo que queda, creo que no sólo de Lezama sino de todos nosotros vistos bajo esa lupa, es un perfil contradictorio», apunta a REFORMA Hernández Busto, ensayista, poeta y traductor originario de La Habana vía cuestionario.
«En él, como en todos, hay multitudes de máscaras que pugnan por imponerse», prosigue. «Es esa pugna lo que he intentado mostrar».
José Lezama Lima: Una biografía se titula el ambicioso estudio -con más de mil 200 páginas- sobre la vida del autor de Paradiso (1966), que el sello español Pre-Textos lanza en tres tomos: Años de formación (1910-1939); Años de fundación (1939-1959), y Años de revolución (1959-1976); los dos primeros recientemente publicados y el último a ver la luz en noviembre.
La primera biografía del escritor condenado al ostracismo en la Isla por su independencia ideológica, su catolicismo y su homosexualidad, es resultado de una profunda indagación lo mismo en archivos que a través de numerosas entrevistas con familiares, amigos y personas que lo conocieron o formaron parte de su círculo.
«He tratado de ser exhaustivo, aunque sigue habiendo zonas oscuras a las que tal vez nunca podamos acceder», reconoce el autor de la monumental entrega, radicado en Barcelona, España, desde 1999 y cuyo acercamiento a las fuentes fuera un desafío a contrarreloj, pues «casi todas las personas que conocieron a Lezama en vida ya han muerto».
En el extremo opuesto, no obstante, estaba la propia elocuencia del cubano «parlanchín, siempre orgulloso de reclamar alguna primicia o descubrimiento», a decir de Hernández Busto; «si no sabe algo, se lo inventa; cualquiera que tenga que entrevistar a cubanos sobre un escritor tan famoso como Lezama debe someterse a esa capacidad de invención», advierte.
«Tuve la suerte de ganarme la confianza de Eloísa Lezama Lima (su hermana) y de Ángel Gaztelu (poeta y sacerdote hispanocubano), que son el origen -todo hay que decirlo- de varios malentendidos sobre el escritor.
«Yo no pensaba igual que ellos sobre algunos temas, y ellos lo sabían o sospechaban. Eran gente desconfiada, secretera. Pero a veces, en algunas comidas -recuerdo al padre Gaztelu echando un trozo de hielo en una sopa de pescado demasiado caliente porque su hambre no podía esperar-, salían a la luz detalles preciosos. Esos ‘divinos detalles’, como dice Nabokov, que dan alegría al biógrafo», celebra Hernández Busto.
Una labor detectivesca, costosa y acaso alineada con ese método de trabajo cubano sustentado en la «suma de poquedades», como acuñara el propio Lezama Lima; «en cuanto a cómo tirar de la lengua, bueno, le confieso que me encantan las películas de espías», comparte el biógrafo.
Hernández cuenta que intentó un modelo de biografía anglosajona que no renuncia a analizar ciertas circunstancias históricas.
De ahí que el primer tomo, aunque fechado como 1910-1939, en buena parte también es una indagación genealógica que aborda los cruces decimonónicos entre la cultura cubana y la española; «creo que sin el siglo 19 cubano es imposible una comprensión cabal de la vida y la obra de Lezama, del modelo de cultura criolla que él representó».
«Muchas veces, el mundo para él se reducía a la familia. En esos orígenes está todo, o casi».
Además de detenerse en las estancias cubanas de tres escritores fundamentales para Lezama Lima, como Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez y María Zambrano, el biógrafo también pone atención a su célebre condición de asmático, «tan comentada y mitologizada» por el escritor mismo.
«Aunque yo he preferido explorarla desde otro punto de vista más prosaico: lo hipnagógico, el puente entre la vigilia y el sueño, por efecto de un medicamento que pudo funcionar como droga alucinatoria», detalla Hernández Busto.
Es en México, a su parecer, donde la figura y obra del también fundador de la importante revista literaria Orígenes pervive con mayor fuerza que en otros lugares.
«En general, tengo la impresión de que en Hispanoamérica se lee más a Lezama que en España, donde hoy no hay mucha gente interesada en el barroco, digamos. Sospecho que muy pocos editores españoles actuales se atreverían a publicar hoy una novela como Paradiso».
Considerada la obra cumbre del autor, quien la publicó a los 56 años y teniendo ya en su haber poemarios como Muerte de Narciso, La fijeza y Dador, además del libro de ensayos La expresión americana, Paradiso fue retirada del mercado cubano una semana después de salir a la venta en 1966.
Este volumen disruptivo con los patrones narrativos tradicionales, y donde el autor ofrece su visión de la cultura cubana, fue tildado en la Isla como pornográfico e insultante para la homofóbica moral criolla.
Para 1970, ERA lo publicó en México en una edición revisada por el autor y por los escritores Julio Cortázar y Carlos Monsiváis.
Hernández Busto no pretende que su biografía cambie la forma de leer a Lezama Lima.
«He intentado esclarecer algunos puntos, establecer recurrencias, ponerlo en contexto. Pero ninguna biografía explica por completo la escritura», sostiene.
«Lamentablemente, Lezama ha sido no sólo censurado, sino también manipulado por sus albaceas origenistas y por una política cultural que dio un giro hacia el nacionalismo más chovinista. Sin embargo, es una criatura hija de la cultura republicana, y explicable a partir de los curiosos avatares de esa cultura».
Lo que su biógrafo sin duda espera es que el autor vuelva a ser leído como lo fue en los 60 y 70: «Una especie de profeta de un tipo de escritura que tiene mucho que enseñar en este mundo de lecturas superficiales y poesía confesional».
«Como digo en mi introducción, muchas cosas que admiramos a veces en otros autores estaban ya en Lezama. Fue un gran visionario, en todos los sentidos de la palabra, menos en el político».
La huella de México y Monsiváis
Lezama Lima estuvo en México en octubre de 1949. Fue una de las únicas dos ocasiones en que salió de Cuba, siendo la otra su viaje Jamaica, asunto de su célebre poema Para llegar a la Montego Bay.
«Siempre se creyó que había sido en barco. Pero no: Gastón Baquero (amigo y colega suyo) lo convenció de viajar en avión porque ambos iban a estar apenas unos días (en México).
«Descubrí, por el papel membretado de una carta, que se alojó en el Hotel Reforma, el que diseñaron (Mario) Pani y (Carlos) Obregón (Santacilia), que por esos años era un hotel de lujo. También estuvo en el Sanborns de Los Azulejos, pero en esos años ya no era un centro de tertulia», comenta Hernández Bustos.
El muralismo todavía era entonces el centro de la cultura mexicana; «pero a Lezama el muralismo, incluso en sus mejores momentos, le parecía un poco ingenuo», expone su biógrafo.
«Lo que sí descubrió en México fue el barroco novohispano, y de esa experiencia salen grandes momentos de La expresión americana».
Entre los entrevistados de cuyos testimonios se nutre la primera biografía de Lezama Lima está Monsiváis, a quien Hernández Busto conoció a su llegada a México, en 1991, gracias a una carta de recomendación del dramaturgo y novelista cubano Antón Arrufat; «así fue que Monsi me recibió en su casa por primera vez», rememora.
«Mi alergia a los gatos y mis opiniones políticas no le parecieron demasiado interesantes. Años después, fui a verlo de nuevo para pedirle un favor -yo tenía problemas con mis papeles- y se portó de maravilla: recuerdo que llamó delante mío a Miguel Limón, que en esa época tenía un alto cargo en Gobernación, y todo se resolvió como por ensalmo», relata el biógrafo.
«Ya habíamos hablado de Lezama, pero fue mucho después, en un viaje suyo a Barcelona, que le pedí entrevistarlo. Y me contó cosas curiosas de aquella labor de editor-corrector de Paradiso que hizo en ERA junto con Cortázar, y del tremendo impacto que le había causado una novela donde el tema homosexual no era una simple anécdota o pretexto».
Después de colosal trabajo, Hernández Busto no ha puesto punto final del todo al proyecto biográfico sobre el autor cubano.
«Hay algunas cosas asociadas a Lezama en las que quisiera seguir trabajando», adelanta. «Un ejemplo: la abundante correspondencia inédita del músico Julián Orbón con los origenistas, un libro que mi admirado Diego García Elío, gran valedor de Orígenes en México, debería publicar sin más demora».
