RESACA MUNDIALISTA: CÓMO SUPERAR EL FIN DE LA FIESTA

Ciudad de México, 20 julio  2026.  Durante 39 días, la Copa Mundial de la FIFA 2026 reunió a millones de personas alrededor de una misma pasión, despertando emociones que fueron desde la euforia y la esperanza hasta el estrés propio de cada encuentro. Sin embargo, una vez que concluye el torneo, muchas personas podrían experimentar un fenómeno conocido como «resaca mundialista», caracterizado por sentimientos de nostalgia, desmotivación e incluso una disminución temporal del bienestar emocional.

«Este fenómeno tiene una base neuroquímica. Durante el Mundial, la expectativa previa a cada partido, los goles, las victorias y la convivencia con familiares y amigos favorecen la liberación constante de neurotransmisores como la dopamina, relacionada con el placer y la recompensa, y la oxitocina, vinculada con la conexión social y el fortalecimiento de los vínculos entre las personas», explicó el Dr. Humberto Bautista, vocero oficial de PiSA Farmacéutica.

Desde días antes de cada partido el cerebro comienza a prepararse para el encuentro. La expectativa por el resultado activa la liberación de estos neurotransmisores, una respuesta que se intensifica conforme se acerca el silbatazo inicial y alcanza su punto máximo durante el desarrollo del juego.

Aunque un partido tiene una duración aproximada de 90 minutos, para el cerebro representa un periodo continuo de estimulación. Cada aproximación al arco, cada oportunidad de gol y cada interacción entre los jugadores mantienen al espectador en un estado de alerta permanente. Cuando el equipo apoyado anota, se produce una sensación inmediata de satisfacción y alivio, resultado del incremento de dopamina, conocida como el neurotransmisor asociado con la recompensa y el placer. Al mismo tiempo, la oxitocina fortalece el sentimiento de pertenencia y conexión con quienes comparten la misma emoción.

Este proceso comienza de manera individual, pero rápidamente se transforma en una experiencia colectiva. La celebración compartida, los gritos, los abrazos y las reacciones entre aficionados potencian la respuesta emocional, reforzando la identidad grupal y generando una sensación de unidad que trasciende diferencias sociales, culturales o ideológicas.

A esta respuesta neuroquímica se suman diversos elementos que fortalecen el sentido de pertenencia. El uso de playeras de la selección, banderas, reuniones para ver los partidos y otros símbolos mundialistas funcionan como objetos de identidad, es decir, elementos que mantienen vigente la emoción y refuerzan la experiencia colectiva incluso fuera de los estadios.

No obstante, cuando el torneo llega a su fin, todos esos estímulos desaparecen de forma casi inmediata. La expectativa por el siguiente partido, las reuniones entre amigos, la rutina y los símbolos que acompañaron durante semanas, pierden protagonismo. Como consecuencia, el cerebro reduce gradualmente la producción de estos neurotransmisores, lo que puede traducirse en sentimientos de tristeza, apatía o una sensación de vacío.

“En algunos casos, esta transición puede manifestarse como anhedonia, una disminución temporal en la capacidad para disfrutar actividades que anteriormente resultaban placenteras. Sin embargo, la «resaca mundialista» no debe interpretarse como un trastorno psicológico, sino como una respuesta natural del organismo después de un periodo prolongado de alta estimulación emocional.” recalcó el especialista.

Para facilitar este proceso de adaptación, es recomendable retomar paulatinamente las rutinas habituales, realizar actividad física, mantener la convivencia con familiares y amigos, participar en actividades recreativas y procurar hábitos que favorezcan el bienestar emocional.

Más allá de los resultados deportivos, el Mundial 2026 dejó una muestra del enorme poder que tiene el deporte para fortalecer el sentido de pertenencia, la convivencia y la cohesión social. Ahora, el reto consiste en conservar esos beneficios emocionales, recordando que, así como termina una gran fiesta deportiva, también inicia un proceso natural de reajuste emocional que prepara a millones de aficionados para vivir, una vez más, la emoción del próximo Mundial.