REDEFINE SECTOR REFORMA EL FÚTBOL COMO ARTE 

Agencia Reforma

Guadalajara, Jalisco 17 abril 2026.- Lo que Sector Reforma propone no es una negación del futbol, sino un desplazamiento.

 Frente a la narrativa dominante del deporte como competencia, como sistema de victoria, derrota y rendimiento, su obra regresa a una idea más elemental y más antigua: el juego como forma de relación. No hay marcador ni jerarquías. Lo que aparece es otra cosa, más cercana a la experiencia primaria de estar con otros, de compartir un tiempo y un espacio sin la presión de ganar.

Desde ahí se entiende su participación en «Futbol y Arte: Esa Misma Emoción», la exposición colectiva curada por Guillermo Santamarina en el Museo Jumex, que abrió el 28 de marzo en el contexto del Mundial de 2026.

La muestra reúne cerca de 100 obras de más de 60 artistas y traza un mapa amplio donde el futbol se piensa no solo como deporte, sino como fenómeno cultural, social y político. Ahí conviven nombres como Jeff Koons, Francis Als, Graciela Iturbide, Damián Ortega o Ángel Zárraga, junto a propuestas contemporáneas como la de Sofía Echeverri y colectivos como Tercerunquinto.

En ese conjunto, la pieza de Sector Reforma marca un giro. Su videoinstalación «Juego y Recitación al mismo Tiempo», desarrollada durante tres meses como una comisión solicitada expresamente por Santamarina, se presenta en tres pantallas y está construida a partir de un tejido de voces, relata Alejandro Fournier, quien integra este colectivo junto con Santino Escatel y Javier Cárdenas Tavizon.

«Las frases que la articulan provienen de distintas tradiciones teóricas, entre ellas la de Johan Huizinga y su Homo Ludens, donde el juego se entiende como una condición fundante de la cultura», recuerda Escatel.

 A partir de ese archivo, la obra despliega una polifonía en español, inglés, alemán y mandarín. No busca imponer una lectura única, sino abrir el sentido. Cada frase funciona como una entrada posible a la idea de juego, ampliando su alcance más allá del campo deportivo.

Ahí, el juego no es agonístico. No está orientado a vencer al otro. Es, en cambio, un espacio de encuentro, de colaboración, incluso de aprendizaje.

El propio colectivo lo resume con claridad: «se trata de quitarle la competencia para hablar de colaboración. La pieza insiste en algo que suele quedar fuera del espectáculo: que antes de las reglas, los estadios y las industrias, el juego fue y sigue siendo una forma de estar con otros», define Escatel.

 Esa intuición atraviesa toda la obra. En las pantallas aparecen figuras, alter egos y animaciones generadas con inteligencia artificial, adelanta Tavizon. Entre ellas, un gato que juega futbol. La imagen es sencilla, incluso humorística, pero precisa. El gato no compite. Juega. Y en ese gesto mínimo se condensa una crítica a la solemnidad del deporte profesional, pero también una posibilidad de retorno a lo esencial, abunda Fournier.

El uso de inteligencia artificial no simplificó el proceso. Al contrario, lo volvió más largo y complejo. Cada fragmento del video, de apenas unos segundos, requirió múltiples ajustes, correcciones y decisiones humanas. El resultado final mantiene esa tensión entre tecnología y mirada, entre automatización y criterio, recalca Escatel.

 Pensada también para dialogar con públicos jóvenes, la pieza introduce una dimensión accesible sin perder densidad conceptual. En el marco de una exposición atravesada por el espectáculo global del fútbol, su presencia funciona como una pausa, concluyen los integrantes de Sector Reforma.