Monterrey, NL 31 octubre 2026.- Entre los conciertos más esperados por los melómanos en el Festival Internacional Santa Lucía están los de agrupaciones musicales de nivel internacional. Anoche, la Orquesta de Cámara de Toulouse cumplió cabalmente con ese anhelo, y con creces.
El ensamble francés, integrado por nueve músicos, ofreció al público de la Explanada de los Héroes un programa mayormente con autores del romanticismo inglés y francés, y con un toque de virtuosismo raveliano.
La líder de la agrupación, la violinista Manon Galy, interpretó las partes solistas.
La noche comenzó con la suite No. 1 de la ópera «Carmen», de Bizet. Y aunque en la adaptación sólo para cuerdas se extrañó la percusión, debo señalar que pronto el violín de Galy hizo olvidar lo anterior con un primer y emotivo solo de la noche, en la «Aragonaise».
El público, que ocupó poco más de la mitad de las sillas dispuestas, aplaudió entusiasta al concluir la suite con el conocido tema del «Toreador».
Posteriormente, Galy pasó al frente del escenario para interpretar «Berceuse» y «Salut d’amour», de Gabriel Fauré y Edward Elgar, respectivamente, acompañada de la agrupación. En ambas, pero particularmente en la segunda, su interpretación fue muy emotiva.
Vendría ahora la participación de Andrea Vivanet con dos selecciones de Fryderyk Chopin: un breve preludio y el primer movimiento, allegro maestoso, del Concierto para piano No. 1, en mi menor, Op. 11.
Vivanet ya había mostrado su notabilísimo talento con Mozart el año pasado, en el mismo escenario; ahora, con las notas del autor polaco, lo reafirmó: un pianismo diáfano, de precisión en cada nota, incluso en las escalas rápidas y arabescos; en suma, un toucher aristocrático.
Vivanet deja el deseo de escucharle ambos conciertos de Chopin de manera integral, con el acompañamiento de los nueve atriles, incluyendo a la propia Galy.
De nuevo, Galy tuvo una intervención solista en «Chanson de matin», de Elgar, y en «Sarabande», Op. 93, de Saint-Saëns, actuó en conjunto con los demás atriles.
Por si fuese poco hacer «cantar» a su instrumento durante todo el programa, Galy cerró con una pieza virtuosa: «Tzigane», de Maurice Ravel.
La francesa afrontó con solvencia y aplomo la larga cadenza inicial, plagada de cambios de corte improvisatorio y rubato extremo. Por igual, transitó con éxito por los pasajes de dobles cuerdas y octavas dobles, con la afinación impecable demandada.
La ovación de pie del público al término de la pieza no se hizo esperar.
La solista, Vivanet y el ensamble regresaron para brindar como encore «Meditación», de la ópera «Thaïs», de Jules Massenet.
La amplificación resultó de nuevo acertada al lograr un buen balance que permitió la claridad de los planos sonoros, desde los violines hasta el contrabajo.
Sin duda, este concierto, junto con el de Peretyatko y la OSUANL la noche anterior, queda entre los mejores del Festival y del presente año.
