Ciudad de México 29 octubre 2026.- Quien se asoma al Zócalo da un vistazo breve al Mictlán, sobre un campo dorado se levanta imponente la catrina y su séquito de ajolotes, custodiados por el barroco que rodea la Plaza de la Constitución.
No lejos de ahí, en las ruinas del Templo Mayor, se rendía tributo a la muerte; hoy, como hace más de 500 años, la seguimos venerando.
Llegó la época del cempasúchil y el regreso de los muertos; las ofrendas y los disfraces. También la hora de la Catrina.
El Gobierno de la Ciudad rompió otro Récord Guinness e instaló una escultura monumental de 33.4 metros de altura, obra del taller Xibalbá.
La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, inauguró la megaofrenda del Zócalo, donde también se le rendirá homenaje a Cuauhtémoc Cárdenas, indispensable para entender la democracia mexicana.
«Esta Catrina nos recuerda que ante la muerte no hay herencias, ni títulos, ni apellidos, ni fortunas que valgan; en un país atravesado por grandes desigualdades históricas, la Catrina, desde el corazón de México, se burla de los privilegios», dijo la Mandataria.
Después del protocolo, el campo de cempasúchil se iluminó y se abrió para el público, las vallas fueron retiradas y los vivos caminaron entre la figura de los muertos que inmortalizaron Guadalupe Posadas y Diego Rivera.
«Con la Fórmula 1, es un gran momento para que el mundo vea lo bonito que es México, lo colorido, que no mueran nuestras tradiciones y se reconozca lo bueno del País», pidió Pablo Rodríguez, vecino de Azcapotzalco y visitante, junto a su familia, de la megaofrenda.
Tres generaciones de la familia León también se acercaron a ver el espectáculo de luces que decoran el Zócalo.
«Venimos mi mamá, mi hija y yo, tres generaciones que no dejamos de recordar a nuestros difuntos. Hay que pasar a las nuevas generaciones el orgullo de nuestras raíces y tradiciones», comentó Fernanda, vecina de la Colonia Centro.
Junto a su familia le pondrán en la ofrenda cigarros, tacos de cabeza y su Coca a su papá, don Fernando, fallecido hace 24 años.
Dos asistentes más acudieron al encuentro, pero poca atención pusieron a la monumental Catrina, adornada con el morado presente en toda la Ciudad: Jazmín, trabajadora de limpia y una perrita que deambuló entre el cempasúchil y a quien algunos asistentes bromearon con llamarla «Catrina».
