Monterrey, NL 11 agosto 2026.- «No pasa nada» suele ser una expresión para justificar un acto de deshonestidad, aparentemente insignificante, pero que, a la larga, se convierte en problemas cada vez más graves, como la corrupción o la falta de confianza en una sociedad.
Si me meto a la fila para ahorrar tiempo, doy una vuelta prohibida o utilizo una herramienta de inteligencia artificial no permitida en un examen, pareciera que «no pasa nada» porque «todo el mundo lo hace».
Hay estudios que indican que cuando alguien que comete un fraude millonario, en realidad, éste no es su primer acto de deshonestidad, explica Luz Godina, directora del Centro de Integridad de la UDEM.
«Hacemos algo pequeño y luego, no pasa nada. Vamos haciendo una conciencia relajada. Vamos cayendo en decir: ‘no es tan grave, no afecta a nadie'».
El caso del examen de admisión de la UNAM, que desde hace varias semanas acapara la atención por evidenciar trampa entre aspirantes que lo presentaron en línea, revela que los actos de deshonestidad se han sofisticado junto con la tecnología.
Antes era copiarse del compañero de al lado, ahora es el uso deshonesto de la IA o de otras herramientas.
Godina señala que la cultura vive una dicotomía con respecto a la honestidad. Nadie se atreve a negar su importancia, pero al mismo tiempo hay personas que buscan hacerse la vida más fácil con acciones deshonestas.
Oficialmente la UNAM reconoció evidencias de conductas irregulares en la aplicación de su examen.
En redes sociales varios jóvenes presumieron sus altos puntajes, agradeciendo este logro a la IA, y justificando su actuar con un «todo mundo lo hace», «nadie se iba a dar cuenta» o «era muy sencillo».
Hablar de integridad se vuelve hoy más necesario, recomienda Godina, así como el establecer consecuencias para trampas o fraudes académicos.
«Fomentar la cultura de integridad implica que platiquemos mucho de ello, que le demos valor, que lo reconozcamos, que también tengamos muy claro qué pasa cuando las reglas no se respetan, que haya consecuencias», indica la directiva.
«Eso es algo que creo que en nuestra sociedad no nos ha ayudado, porque hay veces que las cosas se hacen mal y no tienen consecuencias, y las personas piensan: ‘pues no pasa nada, podemos seguir haciendo las cosas mal'».
El International Center for Academic Integrity, organización a la que la UDEM está afiliada, destaca seis valores para la cultura de la integridad: honestidad, confianza, justicia, respeto, responsabilidad y valentía.
«Actuar con rectitud muchas veces requiere ser muy valiente, que aunque todos los demás quieran hacerlo de una manera incorrecta, yo tengo la convicción de actuar de la manera correcta», explica Godina.
«Y a veces actuar de la manera correcta puede implicar que no vas a obtener el resultado que tú querías, pero siempre va a ser el camino correcto».
Hablar y poner en práctica estos valores genera entornos de certezas y confianza en el otro.
«Si hay algo que no podemos perder es la confianza en el otro, porque toda la interacción está basada en la confianza», dice la directora del Centro de Integridad.
«Si no puedes confiar en lo que tu papá te dice; si no puedes confiar en lo que el profesor te dice; si no puedes confiar en lo que tu jefe, tus compañeros de trabajo te dicen, la vida se vuelve imposible».
La trampa o la deshonestidad es un problema de todo el mundo, señala Godina, sin embargo, en México la facilita una cultura un tanto individualista.
En otras culturas, una deshonestidad implica faltar el respeto a la propia familia, a la comunidad donde se vive, a la escuela o al país.
«En nuestra cultura no tenemos ese sentido de comunidad tan elevado donde algo que yo haga, como copiar una tarea, es una falta de respeto para mi comunidad y para mi familia», reflexiona.
«Tenemos un concepto más individualista y creo que eso también nos está metiendo un poco en problemas».
