CRISIS DE ERA: EL ANUNCIO FUE UN VERDADERO GOLPAZO

Ciudad de México 19 agosto 2026.- Sin conocer a nadie en la Ciudad y por nadie conocido todavía, Eduardo Antonio Parra tocó un día el timbre de Ediciones Era, en ese entonces en Tlalpan, con el manuscrito de Los límites de la noche (1996) bajo el brazo.

 La razón por la que decidió confiar su primer volumen de cuentos al emblemático sello, casa editorial de algunas de las figuras más importantes de la literatura latinoamericana, en realidad es muy sencilla, según comparte en entrevista el narrador leonés: «Simplemente, volteé a ver mi librero, y era la editorial de la que más libros tenía».

 «Eso siempre fue una señal, ¿no? O sea, los libros que más me han gustado, de los que más leo, son los de Ediciones Era. Pues es donde yo quiero estar. Su catálogo era impresionante», remarca Parra.

 Los títulos de figuras como Octavio Paz, único Nobel de Literatura que ha dado el País; Juan Rulfo; Carlos Fuentes; Gabriel García Márquez; Augusto Monterroso, Coral Bracho; Carlos Monsiváis, y de tres Premios Cervantes mexicanos: José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska y Sergio Pitol, consolidaron al sello fundado por los hermanos Espresate -Neus, Jordi y Quico- junto con Vicente Rojo y José Azorín; de cuyos apellidos salió el nombre.

 En Era, editorial que ha anunciado su fin tras 66 años de historia, se publicó también Incurable (1987), esa cumbre poética erigida por David Huerta (1949-2022); «y me daba mucha ilusión trabajar en la misma editorial que él», recuerda a REFORMA su viuda, la también escritora Verónica Murguía, cuya puerta de entrada al sello fue el libro de cuentos El Ángel de Nicolás (2003).

 «Me sentía muy identificada con el catálogo. Entonces, me daba mucho gusto estar en una editorial donde había obra de Elsa Cross, de Antonio Deltoro, de David y Efraín Huerta; pero no sólo eso, también la obra de uno de mis ídolos de la narrativa, que es José Revueltas. Me sentía soñada», cuenta la también autora de Auliya (1997) y El cuarto jinete (2021).

 Lo que tan impresionante catálogo les representaba fue una de las primeras cosas que comentó un grupo de autores al salir de la reunión donde el sello les informó sobre su inminente cierre, esto apenas la semana pasada.

 «Decíamos: ‘Bueno, pues es que ninguno de los que estamos aquí en esta editorial vino porque quería hacerse rico ni porque quería hacerse muy famoso; queríamos pertenecer a un catálogo que era indiscutible, que hablaba de calidad literaria'», apunta Parra.

 «Es una editorial que tiene entre sus autores a José Lezama Lima, con eso se dice todo, yo creo. Porque es un autor difícil, retador, pero era una editorial que confiaba muchísimo en la inteligencia de los lectores», sostiene, a su vez, Murguía.

 Aquella importante labor iniciada con el lanzamiento de La batalla de Cuba (1960), de Fernando Benítez, llega a su fin dadas las dificultades para recuperar el nivel de mercado que se tenía antes de la pandemia de Covid-19, según comunicó el sello a sus autores; «andaba (el rumor) en el aire, por supuesto, porque había muchos problemas económicos», comenta Parra.

 ¿Se había traducido ello en retrasos en sus pagos?

 Sí, un poco. Pero, bueno, una de las cosas que nos dijeron ya cuando tuvimos la reunión para anunciarnos esto fue que se van a pagar los derechos de autor; que lo que queda de dinero es para cubrir esa deuda de aquí a los siguientes meses, yo creo, mientras termina de cerrar la editorial.

 Fue una reunión bastante emotiva. Fuimos varios autores, y ahí Marcelo Uribe (director de Era) nos anunció el cierre. Y pues sí, fue un golpazo. Ni hablar.

 Murguía, reconociéndose muy triste y muy desolada, considera el cierre especialmente desafortunado para la poesía; «como a mí me parece el género más importante, ¡ay!, me lamento muchísimo», expresa.

 «Estoy a punto de salir con mi velo negro, mano, como Doña Emerenciana, la de Los Agachados. Es que, ¡¿qué onda?!», suma la escritora, sorteando la aflicción con humor.

 «Es indignante lo que está sucediendo. Porque fue una editorial muy dinámica, que publicaba a los jóvenes, y una editorial que ejerció una gran influencia, un gran jalón en la literatura mexicana», destaca, por su parte, también en entrevista, Elena Poniatowska, cuyos testimonios reunidos en La noche de Tlatelolco (1971) pudieron llegar a los lectores gracias a Era.

 La primera edición del título se agotó en una semana, quizás en parte por los rumores de que agentes del Gobierno de Luis Echeverría iban a incautarlo en las librerías, o la supuesta amenaza de bomba contra la Imprenta Madero, «que era la imprenta del padre de Neus Espresate, don Tomás Espresate», rememora Poniatowska, sobre el germen del sello.

 «Pero él dijo: ‘Yo estuve en la Guerra Civil de España, y no me asustan las bombas ni las amenazas'», relata la escritora y periodista.

 La democracia en México (1965), de Pablo González Casanova, y el cual el Fondo de Cultura Económica (FCE) había rechazado publicar, fue otro de los grandes éxitos de Era, con 25 reimpresiones para 2013, habiendo transitado por tres diferentes colecciones del sello que también otorgara espacio a las ciencias sociales, al marxismo contemporáneo y a la reflexión de la Nueva Izquierda.

 «Era una referencia obligada para tomar contacto o para formarse con el marxismo más renovador de la época», expone el economista Rolando Cordera, quien fuera miembro del comité editorial de la revista Cuadernos Políticos, de la que Era publicó 60 números entre 1974 y 1990.

 «Lo que se perseguía con el proyecto era contribuir a una reflexión crítica, pero ilustrada, sobre el estado del mundo y lo que las izquierdas proponían hacer para ir a un mundo mejor, digamos, o en algunos casos avanzar en algún tipo de revolución. Fue una inyección de ambición genuina para la renovación del pensamiento de izquierda», evoca el autor, a quien sorprendió «muy ingratamente» enterarse del cierre.

Buscaron salida al desafío

 Tras anunciarles el fin de su editorial, los autores que acudieron a la reunión en una oficina en la Colonia Nápoles no pudieron evitar comentar algunas posibles soluciones.

 «Pero, básicamente, todas las ideas que aportábamos ya las habían tomado en cuenta, ya las habían puesto en práctica, y no habían funcionado. Lo que se necesita, pues, es bastante dinero para que la editorial funcione como antes», señala Parra.

 «No se trata de que: ‘Bueno, pues no me pagues mis derechos de autor, y con eso haz más libros’. Vamos, es una operación que cuesta bastante lana», refrenda el autor, quien observa en este caso una muestra de «cómo está la situación cultural en el País».

 Para Murguía, en tanto, parte del desafío está en que se lee muy poco en México, y no ha ayudado el que los estímulos para el fomento lector han estado «muy mal encaminados».

 «Además, bueno, pues en los últimos años ha habido una indiferencia absoluta por las librerías», continúa. «Recordemos que en la pandemia abrieron primero los centros comerciales que las librerías».

 Entre las numerosas reacciones que desató la noticia del fin de Era, no faltó quien atribuyera el declive a que salieran de su catálogo las obras de algunos de sus autores de referencia, como fue el caso de Pacheco y Poniatowska.

 A la pregunta de a qué se debió ese cambio, la también autora de Hasta no verte Jesús mío (1969) refirió primero el galardón que le valió su novela Leonora (2011); «gané el premio (Biblioteca Breve de Seix Barral), y entonces la editorial tenía que ser Planeta», justificó.

 «Después, ya se fueron pasando (las demás obras) porque Neus Espresate y Vicente Rojo murieron; ellos eran los directores y eran mis amigos. Mi relación era, obviamente, con ellos.

 «Yo creo que Marcelo Uribe le hizo un enorme daño (al sello). Recibió todo el apoyo y la amistad de Neus -no recuerdo si de Vicente, no recuerdo si vivía-, y creo que él no estuvo a la altura de las circunstancias», recriminó.

 Finalmente, sobre si el Gobierno tendría que intervenir para que Era no baje la cortina, los autores consultados mantienen sus reservas.

 «Tengo una impresión muy cautelosa acerca de la Secretaría de Cultura. Si su actitud con lo de la Casa (del Poeta Ramón) López Velarde es un aviso, pues para Ediciones Era lo que se puede esperar es nada», estima Murguía.

 «Me habla gente del extranjero, y me dice: ‘¿Qué el Gobierno no va a ir al rescate?’. Y yo pienso: ‘El Gobierno no va al rescate ni de la vida de los ciudadanos'», añade la autora.

 A Parra, por su parte, le preocuparía que dicho apoyo pudiera estar condicionado, lo cual atentaría con el espíritu crítico e independiente que caracteriza al sello.

 «Era siempre fue una editorial bastante crítica, se guiaba por criterios de calidad y no de amiguismo. Entonces, supongo yo que si le entraran, dirían: ‘Bueno, sí, pero tienes que publicar esto y esto y esto’ (…) Y, entonces, como autor diría: ‘Ya no sé si yo quisiera seguir perteneciendo».

Tras el revuelo suscitado por la noticia, la editorial matizó el anuncio del cierre y circuló este martes por la noche un nuevo comunicado donde refirió que el sello «reduce al mínimo sus operaciones».