ABEL QUEZADA Y SU TRAZO PERDURABLE

Agencia Reforma

Ciudad de México 3 julio 2026.- Para el caricaturista Abel Quezada (1920-1991), el futbol era una «pasión masoquista», como lo describió en una de sus obras. Y retrató con tal agudeza el fervor por este deporte en México que sus cartones de hace 60 años podrían publicarse en el periódico de mañana sin perder vigencia.

La muestra ¡México-México-México! Abel Quezada. Entre arte y deporte, que abre mañana en el Museo Kaluz con 82 piezas, da cuenta del trazo punzante y perdurable del cartonista que popularizó personajes como «El tapado», el antiguo político del PRI, el perro Solovino o «Gastón Billetes».

Un cartón de 1966 indaga, por ejemplo, qué necesita el pueblo de México para sacudirse sus complejos. No es la educación -se lee-, ni la honestidad administrativa ni la confianza en su Revolución; ni siquiera mejorar la calidad de sus alimentos. Necesita ganar en futbol.

En otra caricatura, el líder soviético Vladimir Ilich Lenin postula: «El futbol es el opio de los pueblos».

«Quezada solía combinar el dibujo con su propia literatura. Él mismo escribía los textos y esa combinación guarda una elocuencia que trasciende el tiempo. Hoy lo que dice del futbol es muy vigente», destaca el curador Ery Cámara.

«Sus obras son de una actualidad increíble, y no sé cómo interpretar eso: si realmente no hemos progresado en lo absoluto, o en México las cosas se repiten de manera cíclica y tenemos los mismos problemas, que hemos resuelto a medias o no hemos resuelto», apunta por su parte Abel Quezada Rueda, hijo del historietista.

La muestra incluye obras inéditas, entre ellas el cartón La fiesta del alarido, que despliega a la muerte y su guadaña en un estadio, y dice: «Todo hueco en tu vida llénalo de deportes».

Es una obra que alude al peligro que acecha en estos sitios, señala Cámara.

Organizada en tres núcleos, la exposición toma prestado el título de uno de sus célebres cartones y articula tres grandes pasiones de Quezada: México, el deporte y el humor como forma de mirar -y cuestionar- el mundo. El recorrido va del beisbol de su infancia en Comales a la lucha libre que produjo; del Mundial de Suiza, que cubrió como reportero en 1954, a los ídolos que retrató en óleo, entre ellos Fernando Valenzuela y Kid González.

¡México-México-México! también incorpora un conjunto de obra plástica que el caricaturista no acostumbraba mostrar, porque era «pintor de domingos» y tomó los pinceles a los 45 años.

Solo hasta su exhibición de 1984 en el Museo Tamayo, donde el trabajo de Quezada convocó a una cifra récord de 121 mil visitantes, el autor aceptó llevar al recinto dos de sus pinturas.

Las obras provienen del archivo que resguarda su familia, con unas 16 mil piezas, cuya difusión buscan ampliar.