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CRISIS Y DESGRACIA

Francisco Montfort Guillén

Espectaculares protestas sacuden a Europa. Problemas de aparente sencillas
soluciones, han hecho salir a las calles a protestar sobre todo a los jóvenes.

Vistos los hechos y en donde suceden, se pensaría en una etapa de inicios
revolucionarios. La verdad es que, sin negar que existen problemas en esos
países, la magnitud de sus males es incomparablemente menor a los problemas
que enfrenta México. Los europeos no tienen a revolucionarios en sus calles, sino
acaso revoltosos que son alimentados por algunos profesionales de las
manifestaciones violentas. Sus movimientos no tienen el aire refrescante de los
rebeldes que sueñan con reivindicaciones profundas que ayuden a “cambiar la
vida” como quería el gran rebelde universal de la poesía Arthur Rimbaud. Lo que si
muestran es el aire furioso del rencor en contra de los símbolos del poder
económico y del prestigio social de ciertos grupos sociales. Es la ira por saberse
excluidos de los grandes placeres que ha creado un sistema que, si bien ha
sacado de la pobreza a millones y millones de personas en todo el mundo, todavía
es incapaz de ofrecer la misma alta calidad de bienestar a todos los habitantes de
cada nación.

Lo curioso es que buscan una mítica igualdad social, un ascenso que no se puede
obtener inmediatamente si no es a base de grandes sacrificios y siendo
portadores, genéticamente, de propiedades personales intelectuales y físicas, que
los hagan destacar en este mundo de competencias exigibles y comprobables, de
competitividad creciente, de inventiva demostrable, y de buena suerte para triunfar
si no se está respaldado por una herencia económica y de buenas relaciones
familiares.

mientras una nación carezca de seres humanos dedicados a la política con esa
extrema capacidad ética y profesional, se pasará la historia dando tumbos y
gritándose culpas, unos a otros, de los fracasos continuos de unos y otros.

También en México tenemos crisis. También tenemos una clase política que es un
fracaso. Los de antes y los de ahora. Y aunque parecía que México había
encontrado los mecanismos suficientes para encadenar al Estado al cumplimiento
de las leyes y a los deseos de todos los grupos sociales del país, con el cambio
electoral de 2018 despertó de sus sueños para enfrentar su cruda realidad. En
este mundo interconectado, que ha hecho de la autonomía una nueva cualidad
emergente, sostenida por redes con nodos nacionales, reconociendo, aceptando y
negociando las insustituibles dependencias entre sociedades y economías
complementarias, aunque mutuamente competidoras y con interés
contradictorios, que obligan a la eterna negociación y a la eterna superación
nacional de sus fuerzas productivas (en realidad, en la producción de seres
humanos cada día superiores intelectual y físicamente), en este marco pues, la
sociedad mexicana aceptó la oferta de un mediocre “mesías tropical” que le
ofreció la concreción de ese paraíso tropical, el edén, El Dorado, en un México que
apenas había podido construir un frágil primer andamio para amarrar algunas de
las garras del Leviathan dictatorial que había hecho y deshecho, al antojo de sus
presidentes, un país contrahecho, con logros y carencias notables.

Y llegó de nuevo el Leviathan de corte fascista. Y de inmediato destruyó la
disposición de someter sus conductas al cumplimiento de las leyes. Y
rápidamente puso toda su energía en construir inútiles templos para la adoración
permanente y eterna del gran “mesías tropical”. Y convocó, no a los pobres a
cogobernar, sino a los resentidos, a los excluidos del primer gran círculo del Poder
Fascista, a la Corte Populista que por fin dieron rienda suelta a sus amarguras, sus
desprecios, sus descalificaciones, sus frustraciones. Y empezó la gran fiesta de
las improvisaciones, los errores, equivocaciones con sus excusas para culpar a
los otros, a los despreciables “fifís”, los horrendos liberales que los habían
excluido precisamente por incapaces, por rateros, por débiles intelectualmente sin
darse cuenta de que habían sido ellos mismos los responsables por no entender
los cambios mundiales y demandas de los mexicanos: terminar con el Leviatán
priista y aumentar las nuevas exigencias profesionales y académicas para
gobernar mejor. Pero ahora, gracias a la oferta del paraíso del que solo reciben
unos cuantos pesos, los nuevos gobernantes pueden hacer del servicio público lo
que quieran.

El gobierno se endeuda, entre otras cosas, para sacar adelante a PEMEX, mientras
los mismos funcionarios, en alianza con su nuevo sector político, la criminalidad
organizada, comete los robos más grandes de la historia precisamente robando al
fisco con los productos petroleros. Deuda para sacar a flote a la paraestatal y al
mismo tiempo robos históricos a la paraestatal para mantener, entre otras cosas,

los flujos de dinero para pagar campañas políticas y ganar elecciones.

El gobierno destruye la organización y operación medianamente eficiente del
sector salud, argumentando una “enorme corrupción”, que nunca demostró ni
castigó, con la compra y distribución de insumos médicos, hospitalarios y de
clínicas, incluyendo la compra y distribución de medicamentos. Jugoso negocio
de miles de millones de pesos. Ahora el negocio es de los “redentores” del
sistema político, que además de hacerse del negocio médico, han hundido el
sistema de salud, provocando miles de tragedias humanas (muertes, angustias,
sufrimientos corporales y sentimentales). Se hicieron del negocio y dejaron sin
servicios de salud sobre todo a quienes dicen representar: a los más pobres que,
ellos sí, siguen siendo los verdaderos excluidos del sistema.

Los dramas de México no han constituido una verdadera crisis de sistema, pero
no por eso son problemas menores. Si los mexicanos no están en las calles
vandalizando tiendas y edificios públicos es porque los profesionales de la
protesta y la vandalización son agentes que pertenecen a la izquierda real y a los
integrantes de Morena, pues el resto de los mexicanos todavía creen en sus
instituciones y piensan que electoralmente esto puede ser corregido. Las
protestas de algunos médicos que pretenden hacer una manifestación nacional
para resolver los problemas de su sector merecen todo el apoyo de los demás
mexicanos que puede expresarse por diferentes vías, no sólo con las marchas.

Que las protestas sean por el momento sectoriales no significa que en México no
se viva una gran crisis. Esta es la existencia silenciosa de la calidad de la
educación en todos sus niveles junto con la existencia escandalosa de la violencia
derivada de la decisión del “mesías tropical” de haber hecho del crimen
organizado un actor político que incide en la vida nacional de los mexicanos. Las
crisis pues, son numerosas. La desgracia, la gran desgracia es que haya vuelto a
gobernar el incompetente Leviatán absolutista, el gobierno fascista de Morena.

francisco.montfort@gmail.com