Walter Olivera Valladares / @WalterOliverav
Históricamente la actitud ante la libertad ha enfrentado distintas vertientes, sin embargo, había prevalecido hasta ahora como un valor esencial de la humanidad, importante para avanzar en el camino hacia la equidad, la justicia social y el progreso.
¿Pero cómo explicarla en nuestros días? En medio de ambientes convulsos. ¿Bajo qué lente ideológico observamos la libertad, cuando cientos de personas en pueblos y naciones están sumidos en la opresión, el miedo y la miseria?
Intereses políticos, racismo, mala fe, cinismo… Son causales del desconcierto, la intimidación y violencia que enfrentan cientos de inmigrantes -por ejemplo- en los Estados Unidos.
Claramente no basta rasgarse las vestiduras por los que padecen ahora la persecución, por aquellos obligados a huir, los silenciados, los desaparecidos, los minimizados en cualquier registro, aquellos que según el sistema no merecen siquiera formar parte de las estadísticas.
¿Cuál es la justificación para redadas arbitrarias, detenciones en medio del terror, ejecuciones arteras frente a la hipocresía de una doble moral? Estamos atestiguando el tránsito hacia la era de la conmoción, la ansiedad y el trauma.
Con más de 145 mil mexicanos deportados desde el inicio del segundo mandato de Trump y la intensificación de las persecuciones en ese país a indocumentados de más de una decena de nacionalidades, presenciamos lo que puede significar la extinción de las democracias fortalecidas.
Esta nueva política de hostigamiento impuesta por el gobierno de Trump hace repensar nuestro posicionamiento en el orden global y la forma en que podamos regresar a ámbitos de mayor entendimiento, seguridad y derechos mejorados.
Los problemas migratorios están generando conflictos a nivel mundial, eso es un hecho como lo es también que México no es el único que padece las presiones de los Estados Unidos; de hecho, casi no hay país que no haya enfrentado alguna amenaza del norteamericano.
Lamentablemente, nuestra vecindad, así como nuestras economías estrechamente integradas nos vuelve más vulnerables, por lo que la conclusión de todo este contexto está lejos de escribirse.
Y mientras las autoridades estadounidenses continúan celebrando la campaña de control migratorio en Minnesota, con miles de arrestos y semanas de protestas, considerando todo ello como una victoria para la seguridad y el orden público, cuesta trabajo imaginar un pronto final a todo este conflicto salido de control.
Lo que ahora se ve es sólo desprecio político al tema de los indocumentados en el vecino país y que tratándose de Trump, todo es posible incluso que los casos de personas detenidas y muertas a manos del ICE cumplen con un patrón violatorio de los derechos más básicos, bloqueos legales, intervención presidencial a favor de los ejecutores y un estado absolviéndose a sí mismo.
Hasta hoy podíamos considerar la libertad como un derecho inalienable. Cabe preguntarnos ahora ¿Son la impunidad, el encubrimiento y la credibilidad erosionada, el nuevo credo de la libertad?
