Monterrey, NL 8 julio 2026.- Hay una sencilla razón por la que Patricia, una relacionista pública de 30 años, prefiere contarle sus problemas e inquietudes a una inteligencia artificial más que a sus amigas.
«Con la IA no tienes que ponerte máscaras», responde esta joven al porqué prefiere recurrir a un modelo de lenguaje de IA como ChatGPT o Gemini. «Haces la pregunta tal cual, sin pena. Creo que todos tenemos situaciones internas que no compartimos porque no sentimos la suficiente confianza con alguien para hacerlo.
«Incluso, a veces hay temas con los cuales sientes que puedes hartar a otros de tanto hablarlos, y acá sabes que la IA nunca se cansa de escucharte porque no es humano. Y como en muchos casos da buenos consejos, entonces lo quieres seguir usando».
La conversación de Patricia con la IA acumula un largo historial de preguntas y respuestas para resolver inquietudes que comenzaron con preguntas como «¿Por qué no tengo novio?» y «¿Hay algo malo en mí?».
«Ha sido un ejercicio de desahogo», cuenta, «pero también de curiosidad por confirmar una respuesta que ya está en el interior».
Así como las recompensas por los «likes» o comentarios provocan que muchas personas no quieran despegarse de redes como Instagram o Facebook, usuarios y especialistas en IA señalan que las respuestas amables, certeras e incluso «empáticas» pueden generar afinidad entre quienes recurren a esta tecnología.
Para el Child Mind Institute, muchos adolescentes utilizan chatbots de IA no sólo para las tareas escolares, sino también para pedir consejos, apoyo y respuestas a preguntas cotidianas.
Un estudio publicado en 2025 por Common Sense Media reveló que el 72 por ciento de los adolescentes encuestados ha utilizado chatbots de IA al menos una vez como interlocutor.
¿Está la inteligencia artificial desconectando a las personas aún más de lo que ya se percibía con el uso de pantallas, redes sociales y teléfonos inteligentes?
«Definitivamente sí», afirma la psicóloga clínica Silvia Yaneth Bazaldúa.
«Nos está desconectando y es una crisis que está pasando a nivel emocional porque, aunque la IA da una especie de ‘acompañamiento’, los seres humanos no estamos diseñados únicamente para intercambiar información; estamos diseñados para vincularnos».
La importancia de la vinculación humana, destaca Bazaldúa, radica en que alimenta cualidades como la regulación emocional, el sentido de identidad y la capacidad de confiar en los demás.
«Desde el nacimiento, nuestro cerebro se desarrolla a través de la mirada, el contacto físico, el tono de voz, la sincronía emocional y la presencia de otro ser humano», indica la directora de la clínica Consciencia Activa.
Para otros especialistas, más que la inteligencia artificial, lo que está desvinculando a las personas es el individualismo y la falta de humanismo.
«La gente está muy sola porque ya no necesitamos al otro», dice Andrés Zárate Flores, profesor de Filosofía en Ibero Monterrey, «todo lo que es una vida comunitaria raramente se vive, con los amigos, con los vecinos, con las personas con las que buscas el bien común».
‘DEBO SER CAUTELOSO’
Hay quienes consideran que la tecnología no es sinónimo de desvinculación, sino sólo de practicidad e inmediatez ante ciertas preocupaciones.
Es el caso de Dael, un joven de 30 años que percibe en la IA una sensación de calma con la que no cualquiera responde a la ansiedad que padece con frecuencia.
«Desde hace ya varios meses, suelo utilizar mucho los chatbots de Gemini, GPT, para calmar mi ansiedad médica, ja, ja», cuenta vía WhatsApp. «A menudo acudo a la IA para comentar síntomas que me surgen, desde un oído tapado por cambio de altura hasta alguna posible lesión por actividad física.
«No lo hago para que me consulte, sino para evaluar si es algo que debo consultar con un médico o puedo tratar en casa. Soy una persona muy ansiosa, entonces me ayuda de alguna forma. Pero estoy muy consciente de que debo ser cauteloso porque puede cometer errores».
LA CONVIVENCIA FÍSICA
Como un reflejo del creciente problema de poner más atención al celular y no a las personas, el término phubbing fue acuñado en la década pasada como una contracción de phone y snubbing, palabras en inglés que significan, respectivamente, teléfono y despreciar.
«Hemos entrado en un estilo distinto de convivencia como sociedad, particularmente desde la familia», comenta Alma Bocanegra, psicóloga escolar y ex presidenta de la Asociación de Psicólogos Escolares de México, A.C.
«La tecnología sí ha impactado esos estilos de convivencia; ha afectado, en el caso de quienes han sobrepasado el uso promedio de los dispositivos».
Herramientas como WhatsApp y las redes sociales favorecen una cercanía en algunos momentos, pero también fomentan el individualismo, comenta.
«Hacer uso adecuado de estos medios de comunicación favorece en muchos momentos una cercanía, pero se pierde cuando sobrepasan esas formas de comunicación a la interacción física con los seres queridos», explica Bocanegra, profesora de la maestría en Ciencias de la Familia del Pontificio Instituto Juan Pablo II.
Debido al desafío ético y humano que representa la IA, el Papa León XIV dedicó a este tema su primera Encíclica Magnifica Humanitas, publicada en mayo, donde propone reconstruir los vínculos humanos mediante la solidaridad y el cuidado recíproco.
«Invito a salvaguardar los espacios y los momentos en que la presencia física sigue siendo decisiva: la mesa compartida, la comunidad cristiana que se reúne, la visita a quien está solo, el servicio a los pobres», publicó.
Ese contacto humano y ese interés por los otros ayudan a mantener, en un entorno saturado de tecnología, una cualidad tan necesaria como la empatía.
AL DIALOGAR CON LA IA
EXPERTOS TE DAN ESTAS RECOMENDACIONES:
– Recuerda que la IA generativa suele tener «alucinaciones» produciendo información falsa o inexacta y presentándola con total seguridad.
– Verifica siempre la información generada.
– Evita compartir información sensible como nombres, direcciones o datos financieros.
– No sustituyas con IA la atención médica o psicológica.
– Mantén el contacto presencial con tu familia y tu comunidad.
