TANATÓLOGA COMPARTE CONSEJOS PARA EL DUELO

Monterrey, NL 3 noviembre 2026.- Los días de color, religiosidad y folclor alrededor de la muerte quedaron atrás… Y aunque el fin de la existencia en la cultura mexicana está marcada por un lazo que une a vivos y difuntos, hablar del inevitable fin es difícil, más cuando llega el último respiro de un ser querido.

 La tanatóloga Melinda Hernández Almanza comparte en su libro Elisabeth, mi madre y yo, su experiencia y aprendizajes al cuidar a su mamá durante casi siete años, hasta el último momento.

 En su texto, la especialista comparte recomendaciones para enfrentar lo inevitable, y de cómo la paz interior es importante para lograrlo.

 «Procura encontrar primero tu propia paz», aconseja Hernández Almanza en una de las páginas del libro, que presentó en la pasada FIL Monterrey en un encuentro con adultos mayores.

 «La serenidad también se transmite. La persona que está por partir necesita sentir que quien la acompaña le brinda seguridad y tranquilidad».

 Hernández Almanza escribió este libro años tras la muerte de su madre, Begonia Almanza, y luego de haberse decidido a estudiar tanatología, acompañar a varias personas en el fallecimiento, y ofrecer diplomados sobre el tema.

 Estas experiencias aparecen ahora en la primera edición de un libro que de manera transversal incluye enseñanzas de Elisabeth Kübler-Ross, psiquiatra pionera en los estudios sobre la cercanía de la muerte.

 «La vida es un parpadear y tenemos que seguir», comenta la tanatóloga, «por eso no nos queda de otra más que estar informados y hacer lo propio con nuestros procesos, porque no porque no se tome conciencia van a dejar de suceder».

 Aquí algunos de los consejos que ofrece en su libro para acompañar en el lecho de muerte:

 Busca un momento para conversar. Hazle saber que estás ahí para lo que necesite y que comprendes lo difícil de la situación que está viviendo. Sentirse acompañado puede darle una gran paz.

 Habla del perdón, si el momento lo permite. La autora ha comprobado que perdonar y perdonarse suele aliviar profundamente. A veces basta con abrirse a esa posibilidad o expresar esas palabras para que la persona encuentre tranquilidad.

 Respeta sus creencias. Invítala a confiar en la fe que ha sostenido su vida. Muchas personas encuentran consuelo al sentirse reconciliadas con Dios o con aquello en lo que han creído.

 No tengas miedo de acercarte. Tomarle la mano, ofrecerle una caricia o simplemente permanecer a su lado en silencio puede ayudarle más de lo que imaginamos.

 Permítele expresar sus temores. Al acercarse al final suelen aparecer preguntas sobre la muerte, sobre lo que vendrá después o sobre el momento mismo de partir. Escuchar con calma también es una forma de acompañar.

 Exprésale tu gratitud. Si se trata de un familiar, darle las gracias por todo lo que aportó a tu vida puede ser uno de los regalos más importantes. Invitar a otros miembros de la familia a hacer lo mismo ayuda a cerrar ciclos desde el amor.

 Confía en el amor. La autora ha aprendido que cuando se acompaña desde el amor verdadero, las palabras adecuadas suelen aparecer por sí solas.

 «Ese mismo amor también nos sostiene a nosotros en uno de los momentos más trascendentes de la vida», dice Hernández Almanza.

 Aunque parezca que en esos momentos es imposible permanecer en paz, sí lo es. Lo que se necesita es dejar a un lado el sufrimiento propio y pensar en la paz que merece la persona al morir, señala la tanatóloga.

 «A mí me asombró que yo estuve muy entera acompañando a mi mamá al final, ayudándola al bien morir», comenta.

 «Me gustaría que las personas no se queden con la idea de: ‘yo ni pensar que voy a acompañar a mi mamá’, ‘de pensarlo me da miedo’ o ‘ahí mismo me da un infarto’. Se dicen muchas cosas, pero afortunadamente no suceden».

 Es cuestión de poner pausa a tus miedos y dar paso a la paz de quien fallece.

 «Saca valor de tu fe, del amor que le tienes a esa persona», recomienda. «Saca valor para estar ahí porque la protagonista es la persona que está despidiéndose de su vida».

 Para adquirir un ejemplar se puede ingresar a la página de Facebook: Elisabeth, mi madre y yo.