SOLIDARIDAD DECORA TUMBAS OLVIDADAS EN PANTEÓN

Ciudad de México 2 noviembre 2026.- Los fieles difuntos regresaron ayer al Panteón Civil de Dolores.

Entre los andadores, 47 mil 711 personas volvieron a reunirse con sus seres queridos, de acuerdo con la Alcaldía Miguel Hidalgo.

Las tumbas, capillas y mausoleos de diversos tamaños se pintaron de anaranjado.

Ya sea en solitario, pareja o en familia, con escoba, pala y cubeta de agua en mano, los asistentes limpiaron y adornaron con flores de cempasúchil, globos, papel picado y veladoras los espacios donde descansas aquellos que ya partieron.

El dolor del pasado, ayer se transformó en celebración. Algunos volvieron a bailar y cantar con sus difuntos, otros compartieron un plato más de comida.

Una de las asistentes fue Estela Ramírez.

Desde hace 35 años, la mujer visita cada 15 días las tumbas de sus padres y hermano.

Para ella, preservar la tradición de Día de Muertos entre las nuevas generaciones es un acierto.

«Venimos a ponerles flores, rezarles, a estar un ratito con ellos, es mucha emoción que no los olvidamos. Y no nada más hoy, sino siempre venimos a verlos en varias ocasiones», destacó.

Este año, hubo música en vivo en un festival que organizó la Alcaldía, así como ofrendas en el Panteón, lo que, consideró Ramírez, contribuyó a que acudieran más asistentes.

«Cada año hay más gente. Qué bueno, porque no olvidan a su familia, lo importante es que, pues, no los olvidemos y, que haya todavía este tipo de acciones en la Ciudad de México, es bonito, que (bueno que) no se ha perdido todavía», añadió.

Catrinas y catrines se hicieron presentes en el Panteón, pero también hubo quienes vistieron otros disfraces alusivos a las celebraciones.

En los pasillos, el olor a cempasúchil impregnaba el aire, en tanto, organilleros se encargaban de amenizar la tarde.

Al adentrarse al Panteón, lejos de zonas como la Rotonda de las Personas Ilustres, algunas de las tumbas lucían más descuidadas, llenas de maleza, con materiales oxidados o rotos, que, en algunos casos, ya no dejaban observar los nombres de las personas que descansan en ellas.

Capillas estaban rotas, con residuos a su alrededor y figuras religiosas dañadas.

Sin embargo, los asistentes mostraron su solidaridad despejando la hierba y colocando una flor de cempasúchil en los nichos que colindaban con los de sus familiares.

LA FOSA COMÚN

Aquí, el flujo de personas fue menor que en otros puntos del Panteón. Algunas llegaron a visitar a familiares que han sido identificados o sólo a dar mantenimiento.

Frente a los espacios marcados con cruces y códigos alfanuméricos estaban Sara y Jorge, quienes limpiaron y adornaron, mientras escuchaban música de banda, una de las áreas donde permanecen los restos del suegro de la mujer.

Alrededor, también colocaron flores.

Ayer, fue la primera vez que acudieron a la fosa para recordar a su familiar.

«Mi suegro está aquí, abajo de muchos más, en profundo. No supimos nada de él en un año porque era alcohólico y pensamos que no quería volver.

«Después nos encontró cuando nos dijeron que estaba aquí y aquí se quedará, porque no queremos ya mover a tantos para volverlo a enterrar, al menos aquí podemos recordarlo y pusimos flores a los vecinos para que alguien los recuerde», comentó Sara.

En las inmediaciones de la fosa, una estructura lucía fotografías y nombres de quienes han sido identificados.

Más al fondo, en una zona que luce mayor abandono, cintas de precaución conviven con cruces que sobresalen del suelo, algunas aún sin nombres.

Familias como la de Alberto han hecho una tradición acudir a ese espacio, donde todavía hay restos sin identificar del sismo de septiembre de 1985.

«Ya llevamos cinco años como familia y a mí me traía mi mamá como (hace) 20 años a limpiar y adornar la fosa común, no tenemos a ningún ser querido, pero queremos que no sean olvidados los difuntos y, aunque sea cada año, les podamos dejar un cempasúchil y que descansen en paz», comentó Alberto al retirarse.

ASÍ LO DIJERON

Sara, asistente

«Mi suegro está aquí, abajo de muchos más, en profundo (…). Aquí se quedará, porque no queremos ya mover a tantos para volverlo a enterrar, al menos aquí podemos recordarlo».

Alberto, asistente

«No tenemos a ningún ser querido (en la fosa común), pero queremos que no sean olvidados los difuntos y, aunque sea cada año, les podamos dejar un cempasúchil».