Francisco Montfort Guillén
Los equilibrios entre el poder de la sociedad y el poder del Estado en México nunca han guardado equilibrio. El Estado siempre ha sido más fuerte y ha dominado por completo. Esta situación ha creado una sociedad sin ciudadanos capaces de exigir cuentas a quienes mandan. Y. por el contrario, la sociedad vive a expensas de los deseos de los gobernantes. Poco importa que por momentos tengamos un Ogro Filantrópico buena onda que mantenga el orden y otorgue, según sus deseos y criterios, diferentes beneficios a sus súbditos. Porque es la voluntad del poderoso, sobre los deseos y necesidades de las personas, el que comanda la dirección del país. De ahí que, ahora, el Ogro Despótico decida nuevamente regalar dinero y subir por decreto salarios, que realizar una reforma fiscal y otorgar servicios públicos de alta calidad a toda la población. Es decir, que la diferencia supuestamente ideológica entre el régimen de Morena, el Ogro Despótico, contra el Ogro Filantrópico del PRI desaparece cuando se les mira desde la perspectiva de las libertades y poder de los ciudadanos para mantener acotado el poder del Estado.
Las diferencias que se pueden marcar son más bien entre el inicio de un gobierno liberal, con dirigentes dispuestos a la autolimitación y el acompañamiento de ciudadanos adultos políticamente que exigen más derechos ciudadanos y son capaces de proponer y diseñar nuevas instituciones que recortan los poderes demasiado largos y robustos de su Leviatán, como ocurrió durante la llamada Transición Democrática. Período muy breve que fue interrumpido abruptamente por la reaparición del Ogro Despótico que desde su triunfo ha trabajado exclusivamente para acrecentar su poder y desaparecer toda institución que sea vista como un dique para cumplir con sus caprichos autocráticos.
Ahora está proponiendo tutelar los derechos de las audiencias con el pretexto de que los ciudadanos reciben de manera indistinta opiniones e información e inclusive mentiras flagrantes de parte de los medios electrónicos, los medios impresos y las redes sociales. Reaparece la figura del padre autoritario que quiere decidir que sí y qué no deben ver, escuchar, leer y comentar sus débiles, ignorantes e incapaces ciudadanos. Trata a su pueblo bueno y demás ciudadanos como menores de edad, sin criterio propio y con libertades capaces de optar inteligentemente por lo que quieren escuchar, leer, ver y opinar. Este es el lado más oscuro del Ogro Despótico pues da en el centro, en el corazón de la libertad: la posibilidad de elegir como informarse, con quién, con cuáles orientaciones para formar su propia opinión y sobre todo sus propias ideas sobre el mundo en el que vive, incluida su visión sobre el quehacer gubernamental.
En cambio, el tutelaje que si requiere la ciudadanía, es decir los cuidados que requieren los ciudadanos para vivir plenamente según sus deseos, el Ogro Despótico no los puede cumplir: no protege la salud de los ciudadanos, ya que destrozó su sistema de salud, su sistema de abastecimiento de medicamentos, su sistema de guarderías; tampoco garantiza la calidad de su educación pues recortó sus presupuestos, entregó la calidad educativa a los sindicatos, no tiene un sistema meritocrático para exigir resultados y para otorgar becas; menos aún tutela el libre desplazamiento de los ciudadanos por las calles, carreteras y ciudades ya que, en su asociación con el crimen organizado restringe todas sus libertades y somete a la ciudadanía a un sistema de miedos y temores. Tampoco tutela la vida de las personas de la tercera edad pues el país carece de un sistema nacional de cuidados.
El Ogro Despótico no tutela el cumplimiento de los derechos de los ciudadanos porque eso significa autorregularse en sus acciones, impedir que el cáncer de la corrupción y los privilegios de sus militantes, políticos y funcionarios siga creciendo. Tampoco aspira a tutelar nuevos derechos: lo que busca es restringir las libertades de la ciudadanía con una sola y gran excepción: los derechos de las élites a seguir enriqueciéndose, aunque ahora asociados con los integrantes de Morena.
Durante le época del Ogro Filantrópico del PRI coexistieron corrientes que se disputaban el mando: los modernizadores, notoriamente desde la presidencia de Miguel Alemán y los nacionalistas revolucionarios; estos últimos son la cuna de Morena. Si hubieran perdido su última oportunidad de ganar en 2018 ahora el país estaría caminando hacia el desarrollo conjunto de todos los mexicanos, no sin problemas y equivocaciones, pero con paso firme de que cada sexenio aportaría avances en esa dirección. Ahora el panorama es oscuro ante el excesivo poder del nuevo Ogro Despótico y la debilidad extrema de los opositores. No hay piso común para las dos siguientes elecciones. Pero usted puede decidir si el país reinicia el camino de las libertades o se queda sumido y sumiso en el país de los tutelajes a modo que propone Morena.
