Por Edgar Hernández*
@LíneaCaliente
Hay mucha queja y lloriqueo por el trato que da la prensa crítica a la dama del Palacio de Marmol por la ausencia de aplausos y reconocimiento a su trabajo.
La gobernadora Nahle reclama una nueva relación a partir de un “Censo” a periodistas apoyándose en la obsoleta y decadente Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP), sometida y arrodillada por mismo gobierno.
Se va por la fácil al atajar consulta alguna o dar legitimidad a por lo menos cinco organizaciones de verdaderos periodistas.
Hoy pretende nuevas reglas sobre una pila de cadáveres de periodistas.
Exige un control censal tras consumar una escalada de criminalización, de voltear para el otro lado cuando la opinión pública se entera de una periodista destazada y hervida en un perol de acero y olvida ese pasado donde hay una montaña de comunicadores perseguidos por la criminalidad o ultimados por la policía integrada a los cárteles.
Para la pandilla en el poder imposible reflexionar más allá de un censo. Se refugia en un recuento y sospechoso reconocimiento a “verdaderos periodistas” que en ese baluarte de la libertad de expresión, con la verdadera prensa con la que está obligada a dialogar.
Para los críticos ni pensar en otorgamiento alguno de servicios médicos o derecho a una vivienda y es una utopía creer que por la vía oficial se pueda aspirar a una legítima jubilación.
La apuesta es aplastar al último bastión de la prensa crítica tras la desaparición de los medios impresos y abrirse el abanico de las redes sociales donde, en efecto, se ha colado una prensa delictiva al servicio de los intereses del gobierno y los Cárteles.
Es por ahí donde debería aplicarse el censo, en saber los alcances y patrocinios de la prensa mercenaria y no en un pretendido amordazamiento a la prensa libre.
El fondo del censo.
Cuando Rocío Nahle asegura que existe libertad de expresión «como nunca en la historia» olvida que Veracruz ocupa el primer lugar en asesinatos de periodistas y ocupar el primer lugar en el mundo en riesgo para ejercer el oficio.
Considera la singular mandataria -igualito que Layda Sansores- que ha llegado el momento de «ordenar» a la prensa con un padrón y busca, según la ocurrente dama, “evitar que las difamaciones, mentiras y manipulaciones afecten a la sociedad y a terceras personas”.
En realidad, la intención final es sesgar la escalada de críticas en su contra escudándose en supuesta “crítica a la sociedad de parte de cierta prensa” y sin rubor grita a los cuatro vientos que «Como nunca en la historia de México, desde hace ocho años hay libertad de expresión”.
Perversamente olvida que la criminalización de los periodistas arranca de manera formal tras la llegada de Morena al poder.
Es cuando se suceden las desapariciones de los comunicadores, el saqueo de su patrimonio a localizados críticos y justificar las ejecuciones so pretexto que tienen otros oficios -taxistas, taqueros, comerciantes- o estar al servicio de los Cárteles.
No han trascurrido las dos terceras partes de este 2026 cuando tres periodistas, uno de ellos mujer, fueron correteados y acribillados, uno en la fonda de su padre el otro en plena vía pública y la colega destazada y hervida en aceite.
La CEAPP, valiente salida.
Nahle sostiene que «Como en todo debe de haber orden, cuando hay un exceso, cuando se cruza la línea, difamaciones y mentiras o manipulaciones, hay afectaciones a la sociedad y a terceras personas. Y se pierde el profesionalismo y la ética del comunicador y del periodista».
Concedamos.
¿Y cuándo se dice la verdad?
¿Cuándo hay elementos sustantivos en la denuncia o revelación pública, por qué el silencio?
¿Por qué cuando la noticia, el reportaje, el artículo de fondo o la columna política está sustentada se aplican distractores vía la prensa chayotera, redes pagadas o “cajas chinas”?
Nahle insiste en un censo de periodistas en Veracruz, la pregunta es ¿Para qué?
Despierta serias sospechas que su intención esté encaminada al acorralamiento, la persecución, la localización de sus fuentes de ingreso y de su familia; el acoso, el accidente fortuito, la eventual desaparición y retiro de toda protección legal.
Finalmente, el considerar como “positiva la iniciativa”, su iniciativa -o sea, ella misma se dice chingona- y señalar que corresponde a la propia Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP) organizar ese proceso es algo así como esconder el gato y dejar la cola fuera.
«Ustedes aquí dijeron que había que hacer el censo de los periodistas, me pareció excelente”, justifica.
¿A qué hora y quién o quiénes pidieron se hiciera un censo? La mentira no es virtud.
Veracruz baluarte de las libertades, mártir de luchas independentistas, puerta de insurgencias y movimientos sociales busca ahora ser amordazada por alguien ni conoce nuestras tierras y fue electa como gobernadora por medios poco claros.
¡Vaya, vaya..!
En esa dinámica no hay otra que esperar a que nos llame Baqueiro… ¡Ja!
Tiempo al tiempo.
*Premio Nacional de Periodismo
